JUNCO ALMENDRA Y TEJO. ®.

JUNCO ALMENDRA Y TEJO. ®. 
Un cuento de mascotas muy particular
Cuento para todos los públicos. 
Autor cuento: Jorge Ofitas. ®. 
Pasaje 1º.
Un perro de raza distinguida Cocker  llamado Junco y bien posicionado económicamente tenía un serio problema con su comida diaria. Cada día una rata macho brillosa de alcantarilla llamada Tejo le robaba su condumio y siempre se le adelantaba. Para más inri tras comerse lo qué no le pertenecía Tejo se recochineaba riéndose desde lejos a Junco y  mostrándole un colmillo de oro de su dentera,  a saber cómo lo había conseguido.  
El perro no sabía qué hacer. Sus dueños no le prestaban atención aunque cada día y sin excepción le ponían sus galletas y su agua. Al verlo tan delgado su amo lo llevó al veterinario. El diagnóstico estaba bien claro el perro no comía nada en absoluto así qué su amo se enfadó con el doctor aduciendo que el bonito animal siempre dejaba su plato limpio y que la causa de su delgadez debía ser otra. Siendo así se marchó de la consulta y se llevó al bonito Junco de regreso a casa con la intención de reponerlo. Fue a la carnicería más próxima y le compró carne de calidad, cuando Junco olió el papelón sin permiso de su dueño se abalanzó sobre el y se comió gran parte de la carne. Su dueño lo acarició y lo devolvió a su casetilla. 
Durante algunos días la rata Tejo no apareció. Más cuando Junco se encontraba más confiado su comida comenzó a desaparecer a veces incluso antes de que su plato llegara ante su vista por lo que la delgadez extrema volvió a surgir. Trágicamente sus amos se deshicieron de el dejándolo en la perrera abandonado a su suerte. 
Transcurridas varias semanas Junco se escapó de la perrera con la ayuda de otros perros callejeros. Siendo así regresó a su barrio y comenzó a merodear por la casa de su antiguo dueño por si de lástima volvían a aceptarle pero su antiguo amo se había deshecho de la casetilla y ahora veía desde la calle a una preciosa gatita blanca con un ojos de diferente color; que se dejaba ver a través de los cristales de la casa. Junco entró en ira y se prometió a sí mismo encontrar a Tejo la rata del diente de oro para destrozarla pero no podía, él era un perro noble y bueno y jamás podría hacer daño a nadie. 
Por fortuna unos vecinos que lo vieron y lo conocían se apiadaron lo cogieron y lo llevaron a su jardín con la intención de quedarse con él. Lo lavaron, lo desinfectaron y le dieron un acomodo en el interior del amplio garaje que tenía la casa. 
Después de varias semanas Junco ya no era el mismo. Se convirtió en un perro serio y poco ladrador y además dispuesto a defender su territorio de todo tipo de intrusos. Un día cuando fue hacia el jardín para olisquear un poco los árboles vio a Tejo enseñándole su diente de oro mientras sonreía y moviéndole su trasero para provocarlo. Intentó alcanzar a la rata pero esta era mucho más rápida y desapareció con premura. De repente oyó una vocecilla muy delicada qué parecía la de una gata y así fue. Cómo Junco no era anti-gato no la atacó. 
- Veo qué tienes serios problemas con esa rata. – Exclamó la bonita Almendra - 
- Deberías temerme. – Contestó Junco a la nueva mascota de sus antiguos amos – 
- Yo no soy violenta, soy una gata seductora de pura raza y tengo poderes para enamorar a cualquiera incluso a ti qué eres un perro de agua baldío y cobarde. Pero eres mono, no estás mal. 
- Tu palabrería de gata seductora no me afecta. 
- Te comprendo, sé qué te ha pasado, lo oí en la casa y quero ser tu amiga. 
Junco se dio la vuelta y regresó al garaje ignorando por completo las palabras de la bella Almendra una gata grisácea de bellísimo pelamen y ojos hechizantes… 
Continúa en pasaje 2º. 
Europa. Julio de 2017. Todos los derechos reservados. ®. ©.
Autor cuento: Jorge Ofitas. ®.

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