El arlequín de los sueños mágicos y la hija de Zeus.

El arlequín de los sueños mágicos y la hija de Zeus. 

Cuento. Fantasía. Romanticismo.

Por Jorge Ofitas. 

Érase una vez un simpático y locuelo arlequín que pintaba corazones y besos en las nubes blancas, también podía conseguir que llovieran pétalos de flores aromáticas y lotos preciosos. Él no sabía por qué lo hacía, ni porqué ni cómo había llegado hasta allí, tal vez aquí radicara el corazón y  la razón de su gran poder, en su impoluta y bella sencillez. Siempre seguía el curso del sol por lo que no conocía la noche, ni la luna, ni las estrellas. Un día, triste y agotado, el arlequín cayó hasta la tierra de los hombres y se convirtió en uno de ellos, perdiendo así todos sus poderes y la memoria de lo qué había sido. Tampoco fue agraciado por los dioses con un aspecto bello en su vida como humano, así que su tristeza y su desidia aumentaron al comprobar que ningún ser quería entablar relaciones con él debido a su fealdad física. Subió pues a la montaña más alta del mundo para lanzarse y morir libremente. Antes de tirarse dijo: - Me marcho en busca de otro sueño…

De repente apareció una bellísima ninfa hija del dios Zeus; qué portaba un arco de luz con flechas relumbrantes y le dijo: 

- Soy tu último beso. Eras tan bello… ¡Espera! ¡No lo hagas! ¡Yo sé quién fuiste!

-¿Sabes quién soy realmente? Siempre sueño que fui un arlequín que pintaba corazones en las nubes blancas. Y mírame,  ahora solo soy un hombre de mala fortuna y feo a los ojos de los demás hombres y mujeres. 

-¡Tú me creaste! ¿No me recuerdas? ¡Qué ilusión haberte encontrado! ¡Poderte ayudar a estar enamorado! ¡Cómo tú hacías! Pintabas corazones y besos en las nubes blancas, con nombres y flechas dirigidas por cupido, si, cuando fuiste arlequín del tiempo en el olvido. ¿Te gustaría pasar toda la eternidad conmigo? Puedo deshacer tu sortilegio… ¿Ves, amor? qué suerte hemos tenido… Habernos encontrado… Pues de ti, me he enamorado… 

 Entonces la ninfa, sin esperar respuesta,  roció unos polvos mágicos y recitó unas palabras prodigiosas de amor y el arlequín se convirtió en un caballo blanco alado bellísimo. Y tras esto, se transformó en el dios apolo besando profundamente a la ninfa y quedando inmortalmente unidos por el amor más puro. Ambos pasaron eones de tiempo amándose por las lunas y las estrellas del universo infinito… 

Y por y para siempre los cielos nocturnos surcaron, inspirando a los poetas, a los amantes y amados. Cuentan los más viejos del lugar, que algunas noches de luna llena, se ven sus besos reflejados, en la constelación de géminis, los enamorados… 

FIN

Autor cuento: Jorge Ofitas. Sevilla. 2015. ©. ®.

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