El perrito abandonado. ®.

El perrito abandonado. 

Cuento infantil.

Érase una vez un perrito blanco con manchas marrones que fue abandonado y de repente despertó en un portal. Todo estaba muy oscuro y comenzó a gemir mientras con su olfato buscaba la tetina de su madre. Entonces recordó las enseñanzas que ella le impartió cuando aún pequeñito vivía en un  canasto calentito. Echándole valor se fue a la calle.

Sabía que los seres humanos consideraban a los animales seres inferiores aunque  él podía entender perfectamente lo que los hombres y mujeres hablaban. Amaneció en la ciudad y siguió pateando las aceras evitando encontrarse con los de la perrera u otros peligros. Sin embargo, al ser pequeñito y bonito muchas personas le sonreían y decían cosas tiernas.

Entonces ocurrió algo. El perrito miró a un balcón y vio a una perrita preciosa de su misma raza que lo miraba fijamente. No hizo otra cosa que plantarse sentado delante del balcón y emitir ladridos de amor. La perrita se incorporó y dio dos o tres ladridos que el perrito entendió perfectamente:

-  ¡Qué haces hay pasmado! Perrito abandonado. Eso de romeo y Julieta de moda está pasado.  Además, yo soy rica y tú un desgraciado…

El perrito lagrimeando comprendió que aquella perrita era de la alta sociedad y no le quería al verle tan sucio y hambriento. No creyó en su amor. Así que siguió su camino y se paró en un bar de desayunos por si a alguien se le caía un trozo de comida, se sentó bajo una mesa y esperó. Unos hombres hablaban de algo llamado comedor social para los necesitados y sin dudarlo los siguió, el también necesitaba comer. Pensó. Se situó en la cola de los hambrientos pera la cola se comenzó a disolver pues no quedó sopa ni comida para nadie y menos para un perrito abandonado. Salió de allí correteando y olisqueando los arbolillos intentando disimular la pena por la pérdida de su madre y sus hermanitos.

Unas puertas más allá de donde se encontraba, el perrito vio unos escaparates con fotos de mascotas, se dirigió hacia allí, sabía por lo que contó su mamá que en esos sitios trataban muy bien a los animales. Se sentó en la puerta de la clínica veterinaria y comenzó a emitir ladridos nostálgicos, muy pronto la veterinaria lo oyó y lo primero que hizo fue sonreírle.

-  ¿De dónde ha salido tú ricura? Ay qué cara más bonita, que sucio estás y tendrás hambre, ven. Eres de muy buena raza, estarás orgulloso, a ver, tienes una cadena en el cuello…

Nadie fue a recogerlo, así es que lo habían abandonado. Gimió un ratito de pena y luego se durmió en un cojín. Por suerte la veterinaria se encaprichó con él y nunca más se sentiría solo, además, la doctora tenía otra mascota, un gato… ¿Se harían amigos?...

                                                   FIN

Autor cuento: Jorge Ofitas.

Sevilla. 2016. ®. ©. 

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